Ezequiel Obregón
13/03/2017 19:56

En el marco del 13 Pantalla Pinamar se presentó un avance de Lo que tenemos, película dirigida por Paulo Pécora y con guión de Mónica Lairana, Alberto Rojas Apel y Maricel Santín. Se trata de una película austera en términos de producción, en la que los coguionistas de Pécora son, además, su trío protagónico.

Lo que tenemos

(2017)

Un grupo de amigos que deambulan en el límite del “algo más”, un espacio costero en estado cuasi desértico, el ritual del baile luego de tomar un buen vino. Elementos de esta película en la que tanto los actores como el director oficiaron como productores. En la presentación estuvieron todos (excepto Mónica Lairana, quien está editando en Brasil su ópera prima La cama). “Básicamente, lo que queríamos contar es que Lo que tenemos es una película que, como dice el título, tiene que ver con la forma de producción de la película, que fue lo que teníamos a mano. Es una película hecha sin ningún tipo de apoyo o aporte institucional. La hicimos con nuestros propios ahorros y con muchas ganas de hacer cine. O sea, nos juntamos porque teníamos ganas de trabajar juntos. Ya lo habíamos hecho en otra oportunidad, en un corto. Y en base a conversaciones e ideas fuimos armando este proyecto y lo llevamos a cabo en diez días nosotros tres, Mónica, y dos amigos más. Demostrándonos un poco que, si teníamos ganas de hacer una película, podíamos hacerla con los medios que teníamos a nuestro alcance”, comentó Pécora sobre su último opus, en actual estado de postproducción.

Santín y Rojas Apel se refirieron al método de trabajo de Lo que tenemos. “Escribimos el guión entre los cuatro, entre Alberto, Mónica, Paulo y yo. Temíamos una idea compartida, sobre algo que queríamos contar, que tenía que ver con las nuevas formas de familia en las que creemos. Y nos juntamos a escribir el guión entre todos y a armarlo desde las distintas miradas. Intentando que las distintas miradas fortalezcan lo que se contaba finalmente. Y después lo que intentamos era que fuera con improvisaciones pautadas durante el rodaje. Teníamos los lineamientos y sabíamos lo que podíamos decir y lo que no”, sostuvo la actriz. Su par también se expresó: “Otra de las ideas que teníamos era aprender a hacer una película en grupo, realmente creándola entre todos de la forma lo más horizontal posible. Y aprender a trabajar de esa manera y a crear de esa manera, que tuvo sus momentos más fáciles, sus momentos más difíciles, pero al final terminó quedando una película que nos gusta a todos y yo me siento muy parte y muy creador de esta ella y creo que todos también. Y no sólo desde mi lugar de actor, sino desde todos los lugares; desde escritor, productor.”

Pécora, reconocido también como guionista, se refirió al pasaje del río (protagonista espacial de varios de sus trabajos audiovisuales) al mar: “A mí me interesa trabajar en espacios que te permiten, de algún modo, trabajar con el sistema de producción que teníamos. Te abren un montón de posibilidades a todos los niveles; a nivel narrativo, a nivel dramático. El espacio forma parte del dramatismo de la película, en este caso el mar. Los padres de Maricel tienen una casa en La Lucila del Mar, lo cual era ideal para filmar esta película. Pudiera haber transcurrido, quizás, en el río, en la ciudad. Pero teníamos la oportunidad de trabajar en este espacio tan particular, una ciudad de veraneo fuera de temporada, totalmente desértica en ese momento, donde los personajes iban a tener que involucrarse mucho porque en ese espacio no iban a poder escapar de ellos mismos. Y ese espacio a la vez los contenía. La película trata sobre eso, de concentrarnos en las emociones, los rostros, y en las relaciones entre los personajes en esa naturaleza. Era lo que teníamos a mano también.”

Santín se refirió al tono de la película: “De los personajes, lo que buscamos era acordar entre los actores, diagramar los personajes en base a lo que necesitábamos contar. Y de acuerdo a lo que nosotros queríamos experimentar. Lo que buscábamos también era que no fuera algo de lo que ya estábamos arraigados. Hacer esa búsqueda y lograr que la actuación no tenga gravedad, que esté a tono con una comedia triste o un drama liviano.”

EscribiendoCine le pidió al realizador que ampliara su mirada sobre la escritura colectiva, rasgo que –a juzgar por las apreciaciones de todo el equipo- es un elemento crucial del film. “La escritura colectiva es un ejercicio, una especie de ping-pong en el que proponés, recibís, volvés a proponer, recibís otra vez. Lo más importante era tratar de llegar a una especia de acuerdo sobre la dirección a la que queríamos ir, el tono que buscábamos, el drama de los personajes. Establecer esos parámetros y después dejarnos llevar por una ´’improvisación controlada’ no sólo a nivel actoral, sino también a nivel narrativo. La película fue un poco eso, escribir sobre la marcha, y aún hoy se sigue reescribiendo y transformando en la edición. Fue un intercambiando muy franco a la hora de dar y recibir. No llegar a un set con todo escrito de antemano es muy enriquecedor, sobre todo en este tipo de películas con muy poca producción.” Finalmente, la actriz completó la idea: “Somos amigos y nos queremos mucho, y eso permite que nos dijéramos todas las cosas. Estábamos cuidándonos y cuando al proyecto, porque además teníamos la posibilidad de repetir las escenas las veces que fuera necesario. No nos corría nadie.”

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